Del nacimiento de Quintana Roo a la compra de terrenos para construir Cancún - Ausencio Magaña y Vicente Erosa Cámara, los primeros a los hubo que convencer para que vendieran. ’De ellos yo me encargo’, dijo el gobernador Javier Rojo Gómez a Alberto Villanueva Sansores - Benito Juárez - enbocaspalabras.com.mx


Del nacimiento de Quintana Roo a la compra de terrenos para construir Cancún


Ausencio Magaña y Vicente Erosa Cámara, los primeros a los hubo que convencer para que vendieran. ’De ellos yo me encargo’, dijo el gobernador Javier Rojo Gómez a Alberto Villanueva Sansores

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Octubre 27, 2021 13:25 hrs.
Biografías Nacional › México Quintana Roo
Justo May Correa › enbocaspalabras

El 8 de octubre de 2024 llegará Quintana Roo a sus primeros 50 años de vida como estado libre y soberano de la federación y tocará presidir los festejos al próximo gobernador o gobernadora, en vista de que la administración de Carlos Joaquín González concluye en septiembre de 2022, dentro de poco más de diez meses.

En Cancún, ciudad de inmigrantes de aproximadamente un millón de habitantes, con frecuencia surgen preguntas acerca del momento en que esta región empieza a llamarse Quintana Roo. Por ello, al acercarse las celebraciones de la fundación del estado es conveniente allegarse información al respecto desde un contexto histórico y, de ser posible, a partir de testimonios de los propios constructores que vivieron la época previa, que fue la del Territorio Federal, decretado al 24 de noviembre de 1902, e incluso un poco más atrás.

Por ejemplo, es preciso tener en cuenta que tras tres siglos de dominación, y luego de que México declaró su independencia de España el 16 de septiembre de 1810 —consumada el 27 de septiembre de 1821—, el 29 de mayo de 1823 Yucatán se une a la federación mexicana como República Federada de Yucatán.

Es admitido como estado de la federación el 23 de diciembre del mismo año 1823. Se independiza en 1840, dando paso a la Segunda República de Yucatán. Se reintegra definitivamente a la nación mexicana en 1848, durante el mandato del presidente José Joaquín Herrera.

El estado de Yucatán comprendía también el Distrito de Campeche. Después de años de diferencias, las partes firmaron un convenio de separación el 3 de mayo de 1858. Fue ratificado 8 días después, el 11 de mayo. Nueve días más tarde, el 20 de mayo, se expidió el decreto del nacimiento del estado de Campeche, reconociendo a Pablo García Montilla como primer gobernador.

El 30 de julio de 1847, un año antes de la reintegración de Yucatán a la federación en 1848, inició el movimiento social conocido como Guerra de Castas entre los mayas y las fuerzas oficiales. Y como la entidad yucateca no tenía suficiente capacidad de fuego para contener el descontento de los sublevados, que recibían pertrechos de la fronteriza Honduras Británica, hoy Belice y a la sazón colonia de Gran Bretaña, decidió reconocer al gobierno central mexicano a cambio de obtener su ayuda para controlar la revuelta.

El 8 de julio de 1893 el gobierno de Porfirio Díaz (segunda etapa, 1884-1911) firmó con la Gran Bretaña el Tratado Mariscal-Spencer empezado a negociar en 1885, reconociendo la soberanía de Reino Unido sobre Honduras Británica, llamado Belice a partir de su independencia en 1973.

El Tratado buscaba, entre otros objetivos, frenar la venta británica de armas y municiones a los mayas que defendían sus territorios en la Península de Yucatán frente a las tropas del gobierno federal mexicano. El Tratado tenía también el fin de prevenir los ataques rebeldes a ambos lados de la frontera.

Paralelamente, el gobierno de Díaz consideró construir un fuerte en la selvática e inhóspita zona fronteriza. Othón P. Blanco hizo notar la inviabilidad del proyecto por la falta de materiales en la zona para levantarlo.

Propuso, en cambio, la instalación de una plataforma flotante o pontón que funcionara como puesto aduanal y militar fronterizo con Belice en la desembocadura del Río Hondo, idea que fue aprobada por el general Díaz, iniciando, el 7 de junio de 1896, la construcción de un navío artillado en astilleros de Nueva Orleans.

El 22 de enero de 1898 Othón P. Blanco ancló el pontón en la desembocadura del Río Hondo. El fin era vigilar el tránsito de embarcaciones por el río y la Bahía de Chetumal, para así salvaguardar la soberanía nacional.

Entre la selva y el mar, para esas fechas existía ya un alineamiento de pequeñas chozas, la mayor parte de ellas construidas de madera, en un tramo costero que se extendía desde Punta Estrella hasta más o menos a la altura de lo que actualmente es el Palacio de Gobierno.

Blanco contactó luego a los descendientes de quienes habían buscado refugio en la colonia inglesa a causa de la guerra, y los invitó a regresar a su patria y unirse a los marinos del pontón para construir una ciudad.

Cuatro meses después, el 5 de mayo de 1898, Blanco fundó oficialmente la población de Payo Obispo, hoy Chetumal, hace 122 años.

Más tarde, el 24 de noviembre de 1902, el presidente Díaz emitió un decreto mediante el cual nació en la porción oriental de la Península de Yucatán un territorio federal que fue bautizado con el nombre de Territorio de Quintana Roo, en honor a Andrés Quintana Roo (1787-1851), periodista y abogado yucateco, insurgente notable, presidente de la Asamblea Nacional en Chilpancingo cuando se hizo la Declaración de Independencia.

Nació el Territorio de Quintana Roo con una porción del estado de Yucatán con una superficie de 50,844 kilómetros cuadrados y capital en Santa Cruz de Bravo, hoy Felipe Carrillo Puerto. El 6 de diciembre de 1902 el presidente Porfirio Díaz nombró a José María de la Vega primer jefe político.

El 26 de junio de 1915 el gobierno de Venustiano Carranza decide que Chan Santa Cruz deje de ser capital del Territorio Federal de Quintana Roo y la establece en Payo Obispo, actual Chetumal que 17 años atrás, en 1898, había sido fundada.

Dimas Sansores, abuelo de Alberto Villanueva Sansores, fue uno de los primeros pobladores de Payo Obispo

Dimas Sansores, abuelo de Alberto Villanueva Sansores, fue uno de los primeros pobladores de Payo Obispo

El arquitecto Alberto Villanueva Sansores, diputado constituyente del estado de Quintana Roo, jugó un papel relevante en la construcción de esta historia, que pasa por la participación de su abuelo Dimas Sansores y de su padre Alberto Villanueva Rivero.

(Villanueva Sansores fue senador de la república. En la fotografía de arriba, el presidente Miguel de la Madrid en la Cámara alta. A la extrema derecha aparece el arquitecto Villanueva).

Durante una charla en su domicilio el martes 11 de febrero de 2020, Villanueva Sansores recuerda que su abuelo Dimas fue de uno de los primeros pobladores en la fundación de la ciudad de Payo Obispo, hoy Chetumal, el 5 de mayo de 1898. Fue invitado, junto con otros desplazados por la guerra, a incorporarse a los trabajos para levantar una nueva ciudad, la que hoy se llama Chetumal y que es la capital de Quintana Roo. Explica:

Tanto Jesús Martínez Ross como yo procedemos de unos padres muy preocupados por el desarrollo de nuestra entidad. Don Pedro Martínez Arzú, papá de Chucho, era de origen hondureño. Sin embargo, aquí se asentó, aquí tuvo a su familia. Nunca volvió a su tierra natal y sí participó y colaboró como cualquier quintanarroense en los trabajos sociales y políticos para ir impulsando a esta entidad.

Yo por mi lado, provengo de un hombre que ha sido muy reconocido por su trabajo político, económico y social, como fue mi padre Juan Villanueva Rivero, nativo de Cozumel. Mi madre nació aquí en Chetumal.

Mi familia procedía, por el lado de los Villanueva, de Valladolid, Yucatán, donde vivían cuando estalló la guerra social. Tuvieron que salir huyendo y se fueron a refugiar a Cozumel, una parte. Otra parte de mis abuelos vivían en Sabán. Mi abuelo paterno, su padre, era de Sabán, esa población tan antigua que está en el centro del estado.

Desde ahí emigraron a Belice con motivo de la guerra social, pero luego mi abuelo Dimas Sansores fue de los primeros que vino a Chetumal, a poblarlo, a invitación de Othón P. Blanco, y enseguida empezó a incorporarse en tareas de orden político y social.

Fue regidor del ayuntamiento, cuando existían los ayuntamientos a principios del siglo XIX. Después, cuando Porfirio Díaz suprime los municipios y crea las Jefaturas Políticas, él fue una temporada jefe político, pero el gobernador no tenía nada que ver con el movimiento revolucionario del Estado de México.

Aquí vivíamos otro mundo aparte por razón de la distancia con respecto al resto de la república. Aquí en Chetumal vivíamos, o vivían en esa época.

El gobernador Aarón Merino instruía en política a dos jóvenes



Merino Fernández nos invitaba a Chucho y a mí, a nosotros dos nada más. Vivíamos en la ciudad de México. Veníamos el primer lunes de cada mes. Nos invitaba a desayunar. Nos hablaba de toros. Le encantaban las corridas de toros. Y luego abordaba el tema político.

Nos hablaba de la importancia del Procurador, de la importancia del Secretario de Gobierno, de la importancia del Oficial Mayor. Del Tesorero. Siempre estaba dándonos clases el ingeniero Merino, para que nos interesáramos en la política.

Cuando Merino Fernández se va de gobernador a Puebla, igual, mandaron a don Ruffo Figueroa acá, seguimos teniendo contacto con él, respetuosos, porque nuestros padres nos enseñaron a que esta es la capital del estado; que aquí residen los poderes, bueno, el poder, porque en aquella época sólo era el gobernador; no había presidentes municipales, había poder de temporaditas. No había legislatura.
Y así fuimos gestándonos en la problemática de la entidad; no sólo en su geografía física, sino en su geografía humana, que era muy importante, porque sin el recurso humano es poco lo que puedes hacer.

Nosotros nos dedicamos a convencer a los jóvenes de que participaran en la política. A la mayor parte no les gustaba. Decían que no iban a ser barberos del Presidente o del Gobernador. No era ser barbero, porque nosotros no le íbamos a pedir nada. Íbamos a platicar con él abiertamente de política.

Llegan los cambios con David Gustavo Gutiérrez Ruiz



Todo esto sufrió un cambio cuando llegó de gobernador David Gustavo Gutiérrez Ruiz, tabasqueño.

Inmediatamente nos convocó a Chucho y a mí, a nosotros dos. Había otros amigos a los que les gustaba la política, pero David Gustavo no los invitó. Sólo a Chucho y a mí. Nos dijo: “Tengo instrucciones del presidente Luis Echeverría de restituir aquí las presidencias municipales. Vamos a trabajar primero en eso, para en el futuro buscar la transformación en estado”.

Y nos dimos a la tarea de estudiar cuántos municipios, sus ubicaciones, dónde había gente que pudiera hacerse cargo de la dirección. El recurso humano es importante. Gente que entendiera que no todos podían ser el primer gobernador o primer presidente municipal. Hoy te toca a ti y la próxima vez a otro y a otro. Para que no hubiera celos.

Sin embargo, existieron celos que truncaron algún plan, como el de Bacalar. Iba a ser municipio desde que hicimos la Constitución. Bacalar estaba incluido entre los ocho municipios de esa época. Pero se empezaron a pelear entre ellos. “Yo voy a ser presidente”. “Yo tengo más derechos”, decían. No respetaban la Constitución.

El plan era buscar gente que fuera apoyando la transformación. No era un proyecto de “Yo primero y yo luego después”. El proyecto era “Vamos a pensar en Quintana Roo”. Empezamos a trabajar en los ayuntamientos. No pudimos concretar ninguno, porque en el Congreso de la Unión, que debía de aprobarlo, tanto Campeche como Yucatán se oponían férreamente a la creación de los municipios, porque ellos pensaban en recuperar la parte que perdieron con el Territorio Federal. Nosotros debíamos defender esa lucha.


Remontándonos un poco hacia atrás, afortunadamente llega Lázaro Cárdenas. En su campaña presidencial en Mérida, mi papá alquila un avión y viaja a Mérida. A través de un coronel amigo de él que fue jefe de la guarnición de la plaza tuvo acceso a Lázaro Cárdenas y le dijo, me explicó mi papá: “Yo vengo comisionado a invitarlo a que nos visite. Que vaya a ver la situación en que nos encontramos”.

Y fue que dijo Lázaro Cárdenas: “Voy a ir. Pasado mañana voy a Chetumal”.

El orador expuso muy bien el planteamiento y el presidente Lázaro Cárdenas le dijo al gobernador de Campeche, un tal Mena (se refería a Eduardo R. Mena aCórdova, 1935-1939), le dijo: “Señor gobernador, convenza a este pueblo que siga siendo campechano”. Pero ante la elocuencia del pueblo, que se manifestaba abiertamente porque se volviera a restituir el Territorio Federal, ante esa elocuencia el gobernador Mena prefirió callarse. No habló. Tuvo miedo al abucheo. Quién sabe qué le pasó.

Cuando tomó la palabra Lázaro Cárdenas expresó: “Uno de los primeros actos de mi gobierno será restituir el Territorio Federal de Quintana Roo”, cosa que cumplió enseguida. Tomó posesión el 1 de diciembre y de inmediato mandó la iniciativa y el 12 de enero se hizo la entrega formal del gobierno, tanto por parte de Campeche como de Yucatán. Volvimos a ser Territorio Federal.

Todo eso, yo como chamaco, lo oía platicar a mi papá con sus amigos. Me interesaba y me sentaba a escucharlos. Fue como toda lucha, con altibajos. Pero si eres persistente puedes llegar a conseguir algo. Fue que restituyó el Territorio con Lázaro Cárdenas.


La formación territorial de los municipios

Regresando a tiempos más recientes, comenzando el gobierno de Luis Echeverría llega David Gustavo y dice: “Quiere el presidente restituir los municipios como un primer paso para transformar esto en un estado. Vamos a trabajar con la máxima discreción posible, nosotros tres nada más, Chucho, él y yo.

Vamos a hacer un proyecto de los municipios. Me di a la tarea. Me gustaba viajar por todo el Territorio. Me di a la tarea de ubicar todos los pueblos y ver en que municipio iba a quedar. Eran tan malas las comunicaciones que a veces no sabías dónde pasaba un lindero y donde pasaba el otro. Fue un trabajo de algunos meses.

Los resultados de los estudios que hicimos para crear los municipios proponían la creación de ocho. Desde luego que en esa época había comunidades que no reunían… nosotros éramos un poder constituyente. No teníamos límite. Enfrente de nosotros no había límite. Así podíamos decir “vamos a querer cien municipios, veinte o diez y que cada municipio tenga 50 habitantes o tenga 500. No había ninguna regla.

Entonces, David Gustavo, con mucho acierto, insistía con mucho acierto en que de una vez creáramos suficientes municipios para atender el desarrollo del estado. La federación insistía en que nada más se transformaran las cuatro delegaciones de gobierno que había tradicionalmente en cuatro municipios.

Ya no era posible. Por ejemplo, Isla Mujeres no podía ser la cabecera de Cancún cuando Cancún ya estaba despegando. Igual, Carrillo Puerto era un municipio muy grande. Era demasiado grande y había que dividirlo. Y se creó el municipio de José María Morelos. El de Isla Mujeres también se dividió para formar Cancún y formar también Lázaro Cárdenas. Porque Lázaro Cárdenas estaba muy lejos de la isla. Administrarlo era muy difícil.

Además, el tipo de sociedad que componía ambos pueblos era diferente. Kantunilkín es un pueblo maya. Isla Mujeres es un pueblo mixto. Hay italianos, hay centroamericanos, hay turcos. Hay de todo. No chocaban, pero que no se hacían caso.

Entonces, dijo David Gustavo: “Hay que crear de una vez ocho municipios. Y tú te vas a encargar”, me dijo. “Vas a ser diputado constituyente. Vas a encargarte de que pasen estos municipios. Que el gobierno federal no venga a entrometerse, porque se va a venir a entrometer, como vino. Mandó a un licenciado De la Hidalga para insistir en los cuatro municipios.

Con base en los estudios que yo tenía hechos le demostraba que no era posible seguir teniendo ese aislamiento de pueblos.

Bueno, la cuestión es que llegó un momento en que nos dice: “Han encargado al licenciado Manuel Bartlett, director de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, para que en coordinación con ustedes dos estudiáramos un proyecto de Constitución.

Entonces, íbamos a México a hablar con Bartlett. Así fue como fuimos haciendo la Constitución. Por ejemplo, yo insistí mucho, y mis compañeros me apoyaron, en que para ser mexicano, como dice la Constitución General de la República, se requiere de cinco años, nosotros no podíamos hacer algo semejante con nuestra Constitución.

Aquí nosotros vivíamos llenos de gente de Centroamérica. Aquí vivían los Montenegro, que eran unos políticos guatemaltecos. Muchas familias venían acá de Centroamérica. Unos de ellos, me acuerdo, de San Pedro Sula, Honduras. Un día una señora de Honduras, estábamos viendo fotos de tenistas. Yo era chamaco y me gustaba jugar tenis, y exclama: “¡Aquí está Trino Cortés! ¡Desgraciado! Tan cerquita de nosotros en Chetumal. Todos pensamos que se había ido a Estados Unidos. “Así, ahí vive y tiene familia”. ¿Sabe quién es ese desgraciado?

Resultó que la señora tenía una prima a la que pretendía Trino Cortés, pero la chica nunca le hizo caso. Ella decidió casarse con otro. El día de la boda Trino se presentó a la iglesia con una pistola y le aventó de balazos a la muchacha. Ni un tiro le dio. Tuvo más suerte que Rosita Alvires que recibió sólo un tiro. Un tiro de muerte.

¡Ninguno le dio! Y salió huyendo. Y nunca volvieron a saber de él. Pero estaba aquí en Chetumal. Aquí vino. Y era un buen hombre. Aquí se dedicó a ser maestro de educación física.

Al terminar los trabajos del proyecto de municipios, y al tener muy avanzado el proyecto de Constitución del Estado, es cuando el presidente Luis Echeverría decide enviar la iniciativa. Así nos transformamos de Territorio Federal a entidad federativa con poderes provisionales. Había un gobernador provisional, que era David Gustavo Gutiérrez Ruiz. Ya teníamos nuestro propio Tribunal de Justicia. Ya teníamos nuestra legislatura.

Cuando nos lanzamos a la campaña para diputados constituyentes, esa parte de mi vida fue muy interesante. Yo no podía hablar a la gente de obra pública, con qué recursos. No teníamos nada. La gente iba a los salones a donde los convocábamos, a los pueblos donde me tocó ir. Y la gente como preguntándose: “Y estos locos qué se traen”.

Les explicamos a qué habíamos ido. A decirles que por disposición del presidente Echeverría, en un acto de buena voluntad, ya estaba aprobada por el Congreso de la Unión la creación del nuevo estado. “¿Y qué vamos a ganar?” “Bueno, vamos a ganar que nuestros juicios civiles, mercantiles, penales, ya no tienen que irse a la ciudad de México. Dependíamos del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Qué justicia podíamos esperar cuando mandabas un documento y hasta dos años después te llegaba el resultado. Así empezamos a explicarle a la gente que ventajas iba a tener una legislatura local, la importancia de que en lo sucesivo los quintanarroenses íbamos a elegir a nuestro gobernador.

Primeros pasos de Cancún: la compra de predios

Primeros pasos de Cancún: la compra de predios

Como es sabido, en el año de 1968 el presidente de México Gustavo Díaz Ordaz giró instrucciones para formular una política de turismo, creándose para ello el Fideicomiso de Infraestructura Turística, INFRATUR, bajo la administración del Banco de México.

Dentro de varios potenciales polos de desarrollo, se dio prioridad iniciar uno en la Isla de Cancún, en el Territorio Federal de Quintana Roo.

Gobernaba el Territorio el licenciado Javier Rojo Gómez, quien me dio instrucciones en mi carácter de Director General del Catastro, guardando la más absoluta discreción y reserva, de trabajar con el licenciado Carlos Nader, agente del INFRATUR, en un asunto que el señalado me informaría.

Días después se presentó en mi oficina el licenciado Nader y me pidió que lo recibiera a las 7 de la noche, cuando ya habían cesado las actividades en el edificio.

Nos reunimos de acuerdo a lo pactado, y en amable coloquio el licenciado Nader, que era una persona con bonhomía, me puso al tanto de en cuales consistían las funciones del INFRATUR y, asimismo, de la misión que se le había encargado, y que era conocer quiénes eran los propietarios o poseedores de predios en la isla de Cancún y terrenos adyacentes, con la intención de comprarlos en su totalidad, para lo cual me pedía acceso a los archivos a cargo de mi Dirección y que lo auxiliara en la investigación, por lo que me pidió la hiciéramos desde ese día, a partir de las 7 de la noche, para guardar la secrecía necesaria.

Asentí, puesto que lo solicitado cumplía con las instrucciones que recibí de don Javier, el gobernador del Territorio. Nos dimos a la tarea de revisar archivos. En pocos días ya teníamos una imagen clara de quiénes tenían algún interés en terrenos de la isla de Cancún. Me di a la tarea de dibujar un plano a mano libre en el que se localizaban nombres, títulos y extensiones de terreno de cada uno de los propietarios. Estando lista encomienda, le avisé al señor gobernador que teníamos los resultados para su conocimiento.

El gobernador Rojo Gómez nos citó a sus oficinas en Palacio de Gobierno. Después de escuchar nuestro informe y observar detenidamente el plano nos dijo:

“Para que todos vendan es necesario convencer primero a don Ausencio Magaña y al licenciado Vicente Erosa Cámara. De ellos yo me encargo”.

Don Ausencio Magaña era un empresario muy querido y respetado de Isla Mujeres. Fue presidente municipal en los años veinte. De él recuerdo que se estaba dragando un canal en la bahía y del material que se obtenía se iba construyendo el malecón que entonces estaba bajo el agua. Como estimó que sobraría material, don Javier ordenó se rellenara la Salina Chica, cuerpo de agua al interior de la isla.

En una visita que el gobernador hizo a Isla Mujeres, se le acercó don Ausencio acompañado de un grupo de vecinos y manifestó que pedían no se rellenara la Salina Chica, en razón de que cuando ellos vivían muy aislados, para preservar su pesca dependían de la sal que obtenían de la salina y solicitaban se preservara. Don Javier en ese mismo momento suspendió cualquier relleno de la salina.

Como acotación debo decir que don Ausencio era propietario del predio Punta Cancún, donde se construyó el Hotel Camino Real.

El licenciado Vicente Erosa Cámara, financiero con mucha influencia entre inversionistas yucatecos, tenía un fraccionamiento de terrenos en la Isla de Cancún.

Pasó poco tiempo cuando me llamó don Javier y me dijo que le dijera al licenciado Nader que ya podía empezar a comprar. Me reiteró sus instrucciones de acompañar al agente de INFRATUR para presentarlo a los posibles vendedores, poniendo énfasis en el interés que tenía el señor gobernador del Territorio en la realización del proyecto turístico.

Una vez avisado el licenciado Nader en la ciudad de México, se presentó en Chetumal. Me platicó el plan de INFRATUR para la compra de los terrenos: consistía en un precio para la superficie titulada y otro más bajo para las demasías, que abarcaba el total de la zona federal marítimo terrestre frente al predio.

El arquitecto Villanueva Sansores falleció el 7 de marzo de 2020, apenas 25 días después de la charla. Había nacido el 8 de marzo de 1936.

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