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Justo May Correa


El temor de que llegue AMLO

El temor de que llegue AMLO




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Mayo 02, 2018 07:13 hrs.
Política Nacional › México Quintana Roo
Justo May Correa › enbocaspalabras

Por estos días abundan las opiniones pagadas que descalifican un posible cambio en la forma de gobernar México, pero sin proponer un mecanismo que lleve a los actuales detentadores del poder a mejorar su actuación en favor de los mexicanos relegados de los grandes beneficios que sí temen perder las élites si el voto popular lleva a AMLO a la Presidencia de la República.

El periodista y novelista argentino Martín Caparrós acaba de publicar —el 27 de abril— en el New York Times algunas referencias de su encuentro en Santa Clara hace veinte años con Miguel Díaz-Canel, investido el 18 de abril nuevo presidente de Cuba, luego de 12 años en el poder Raúl Castro.

Las vivencias narradas son sin duda interesantes, pero el mensaje central del periodista tiene como destinatario a México y a sus elecciones del domingo 1 de julio, y específicamente a la indeseable, para él, posibilidad de que un populista llegue al poder.

Luego de narrar su experiencia particular con un Díaz-Canel resolviendo personalmente problemas de su encargo hace dos décadas, cuidando cada detalle, siendo consultado a cada momento, Caparrós comparte hoy las siguientes conclusiones:

’…Entonces creí que había entendido: allí, en esa reunión de funcionarios provinciales y datos burocráticos estaba la explicación de todo. Lo que arruinó las experiencias comunistas fue, sabemos, la ineficacia, la paranoia, la concentración de poder, la ‘dictadura del proletariado’. Pero fue, sobre todo, esa ambición magnífica, imposible: la de ser todo para todos, hacerse cargo de cada detalle, proclamar que el Estado debe garantizar el bienestar de cada ciudadano.

’El capitalismo siempre fue más astuto: consiguió hacernos creer que ese bienestar era la responsabilidad de cada uno, que si a alguien no le va bien en la vida es culpa suya: que el Estado debe ofrecerle ciertas bases y después cada cual que se arregle. No podría haber dos sistemas más opuestos: uno te deja librado a tu suerte so pretexto de la libertad y consigue perpetuarse; el otro te promete todo en nombre de la igualdad y falla porque todo no se puede’.

Y reproduce este diálogo con Díaz-Canel:

—En el capitalismo, si alguien no tiene un ataúd la culpa es suya, por no poder comprarlo. Aquí, en cambio, la culpa es de Fidel. Eso es muy difícil de sostener, ¿no? —expone Caparrós.

—Sí, claro. Pero tú no sabes la satisfacción que te da cuando ves que va saliendo bien, que la gente va viviendo mejor. Eso no se paga con nada, chico, con nada.

Caparrós remata su trabajo periodístico en el Times sacudiendo sus recuerdos:
’Y entonces yo no puedo dejar de recordar esa otra noche —Moscú, mayo de 1991— en que Vodimir Natorf, el exsecretario de organización del partido Comunista polaco, bebía vodka con limón, me hablaba del fracaso de los comunistas y me decía que habían cometido muchos errores, pero ninguno tan decisivo como ‘actuar como si el hombre fuera intrínsecamente bueno, como si existiera un hombre ideal, perfecto, utópico’ ’.

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