La educación política en el Territorio de Quintana Roo - El primer lunes de cada mes el gobernador Aarón Merino desayunaba con Jesús Martínez Ross y Alberto Villanueva Sansores: hablaban de toros y de la importancia de conocer el manejo de los cargos públicos - Benito Juárez - enbocaspalabras.com.mx


La educación política en el Territorio de Quintana Roo


El primer lunes de cada mes el gobernador Aarón Merino desayunaba con Jesús Martínez Ross y Alberto Villanueva Sansores: hablaban de toros y de la importancia de conocer el manejo de los cargos públicos

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Diciembre 26, 2021 16:35 hrs.
Política Nacional › México Quintana Roo
Justo May Correa › enbocaspalabras

(Parte 2 y última)
La inquietud por la política nos la inculcaban los gobernantes revolucionarios que venían. Uno de los lemas de la Revolución era la autonomía de los pueblos. Fuera fueros; fuera prebendas. Los recursos públicos se emplearán con fin de hacer calles, hospitales, brindar recolección de basura, educación. Desde entonces tuvimos oportunidad de buscar al gobernador.

Uno de ellos fue Aarón Merino Fernández, gobernante del Territorio del 16 de enero de 1959 al 31 de octubre de 1964.

Fue un gobernador que nos apoyó mucho, mucho, mucho. Yo lo recuerdo con mucho cariño. Nos invitaba a Chucho y a mí, a nosotros dos nada más. Vivíamos en la ciudad de México. Veníamos el primer lunes de cada mes. Nos invitaba a desayunar. Nos hablaba de toros. Le encantaban las corridas de toros. Y luego abordaba el tema político.

Nos hablaba de la importancia del Procurador, de la importancia del Secretario de Gobierno, de la importancia del Oficial Mayor. Del Tesorero. Siempre estaba dándonos clases el ingeniero Merino, para que nos interesáramos en la política.

Cuando Merino Fernández se va de gobernador a Puebla mandaron a don Ruffo Figueroa, que gobernó de 1964 a 1967. Seguimos teniendo contacto con él, respetuosos, porque nuestros padres nos enseñaron a que esta es la capital del estado; que aquí residen los poderes, bueno, el poder, porque en aquella época sólo era el gobernador; no había presidentes municipales, había poder de temporaditas. No había legislatura.

David Gustavo trajo nuevos aires

Jesús Martínez Ross y yo nos dedicamos a convencer a los jóvenes a participar en la política. A la mayor parte no les gustaba. Decían que no iban a ser barberos del Presidente o del Gobernador. No era ser barbero, porque nosotros no le íbamos a pedir nada. Íbamos a platicar con él abiertamente de política.

Todo esto sufrió un cambio cuando llegó de gobernador David Gustavo Gutiérrez Ruiz, tabasqueño.

Inmediatamente nos convocó a Chucho y a mí, a nosotros dos. Había otros amigos a los que les gustaba la política, pero David Gustavo no los invitó. Sólo a Chucho y a mí. Nos dijo: “Tengo instrucciones del presidente Luis Echeverría de restituir aquí las presidencias municipales. Vamos a trabajar primero en eso, para en el futuro buscar la transformación en estado”.

Y nos dimos a la tarea de estudiar cuántos municipios, sus ubicaciones, dónde había gente que pudiera hacerse cargo de la dirección. El recurso humano es importante. Gente que entendiera que no todos podían ser el primer gobernador o primer presidente municipal. Hoy te toca a ti y la próxima vez a otro y a otro. Para que no hubiera celos.

Sin embargo, existieron celos que truncaron algún plan, como el de Bacalar. Iba a ser municipio desde que hicimos la Constitución. Bacalar estaba incluido entre los ocho municipios de esa época. Pero se empezaron a pelear entre ellos. “Yo voy a ser presidente”. “Yo tengo más derechos”, decían. No respetaban la Constitución.

El plan era buscar gente que fuera apoyando la transformación. No era un proyecto de “Yo primero y yo luego después”. El proyecto era “Vamos a pensar en Quintana Roo”. Empezamos a trabajar en los ayuntamientos. No pudimos concretar ninguno, porque en el Congreso de la Unión, que debía de aprobarlo, tanto Campeche como Yucatán se oponían férreamente a la creación de los municipios, porque ellos pensaban en recuperar la parte que perdieron con el Territorio Federal. Nosotros debíamos defender esa lucha.

Recordemos que en 1934 llega Lázaro Cárdenas. En su campaña presidencial en Mérida, mi papá alquila un avión y viaja a Mérida. A través de un coronel amigo de él que fue jefe de la guarnición de la plaza tuvo acceso a Lázaro Cárdenas y le dijo, me explicó mi papá: “Yo vengo comisionado a invitarlo a que nos visite. Que vaya a ver la situación en que nos encontramos”.

Y fue que dijo Lázaro Cárdenas: “Voy a ir. Pasado mañana voy a Chetumal”.
En verdad no vino.

La promesa cumplida de Cárdenas

El orador expuso muy bien el planteamiento y el presidente Lázaro Cárdenas le dijo al gobernador de Campeche, un tal Mena (se refería a Eduardo R. Mena Córdova, 1935-1939), le dijo: “Señor gobernador, convenza a este pueblo que siga siendo campechano”. Pero ante la elocuencia del pueblo, que se manifestaba abiertamente porque se volviera a restituir el Territorio Federal, ante esa elocuencia el gobernador Mena prefirió callarse. No habló. Tuvo miedo al abucheo. Quién sabe qué le pasó.

Cuando tomó la palabra Lázaro Cárdenas expresó: “Uno de los primeros actos de mi gobierno será restituir el Territorio Federal de Quintana Roo”, cosa que cumplió enseguida. Tomó posesión el 1 de diciembre (de 1934) y de inmediato mandó la iniciativa, y el 12 de enero se hizo la entrega formal del gobierno, tanto por parte de Campeche como de Yucatán. Volvimos a ser Territorio Federal.

Todo eso, yo como chamaco, lo oía platicar a mi papá con sus amigos. Me interesaba y me sentaba a escucharlos. Fue como toda lucha, con altibajos. Pero si eres persistente puedes llegar a conseguir algo. Fue que se restituyó el Territorio con Lázaro Cárdenas.

El discreto trabajo por el estado

Comenzando el gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) llega David Gustavo y dice: “Quiere el presidente restituir los municipios como un primer paso para transformar esto en un estado. Vamos a trabajar con la máxima discreción posible, nosotros tres nada más”. Chucho, él y yo.

“Vamos a hacer un proyecto de los municipios”. Me di a la tarea. Me gustaba viajar por todo el Territorio. Me di a la tarea de ubicar todos los pueblos y ver en que municipio iba a quedar. Eran tan malas las comunicaciones que a veces no sabías dónde pasaba un lindero y dónde pasaba el otro. Fue un trabajo de algunos meses. Lo tengo todo documentado.

Los resultados de los estudios que hicimos para crear los municipios proponían la creación de ocho. Desde luego que en esa época había comunidades que no reunían… nosotros éramos un poder constituyente. No teníamos límite. Enfrente de nosotros no había límite. Así podíamos decir “vamos a querer cien municipios, veinte o diez y que cada municipio tenga 50 habitantes o tenga 500”. No había ninguna regla.

Puja por los municipios

Entonces, David Gustavo insistía, con mucho acierto, en que de una vez creáramos suficientes municipios para atender el desarrollo del estado. La federación insistía en que nada más se transformaran las cuatro delegaciones de gobierno que había tradicionalmente en cuatro municipios.

Ya no era posible. Por ejemplo, Isla Mujeres no podía ser la cabecera de Cancún cuando Cancún ya estaba despegando. Igual, Carrillo Puerto era un municipio muy grande. Era demasiado grande y había que dividirlo. Y se creó el municipio de José María Morelos. El de Isla Mujeres también se dividió para formar Cancún y formar también Lázaro Cárdenas. Porque Lázaro Cárdenas estaba muy lejos de la isla. Administrarlo era muy difícil.

Además, el tipo de sociedad que componía ambos pueblos era diferente: Kantunilkín es un pueblo maya. Isla Mujeres es un pueblo mixto. Hay italianos, hay centroamericanos, hay turcos. Hay de todo. No chocaban, pero no se hacían caso.

Entonces, dijo David Gustavo: “Hay que crear de una vez ocho municipios. Y tú te vas a encargar”, me dijo. “Vas a ser diputado constituyente. Vas a encargarte de que pasen estos municipios. Que el gobierno federal no venga a entrometerse, porque se va a venir a entrometer”. Como vino. Mandó a un licenciado, Luis de la Hidalga, para insistir en los cuatro municipios.

Cuando llegó ya llevábamos 30 artículos aprobados. Venía a ver, porque así me lo dijo David Gustavo, viene a querer imponer que sean nada más cuatro municipios. “No lo vamos a permitir. Tú te vas a encargar de combatirlo”. Tienes todos los elementos. Él no tenía ni un argumento. Con base en los estudios que yo tenía hechos le demostraba que no era posible seguir teniendo ese aislamiento de pueblos.

Le decía yo: “Oiga don Luis, cómo cree que vamos a dejar de cabecera de Cancún a Isla Mujeres. Cómo cree. Isla Mujeres no está creciendo y Cancún se está yendo rápidamente”. Yo siempre he dicho que los mejores 500 millones de dólares de un préstamo que le haya hecho el BID a México fueron para las obras de la isla de Cancún. La isla era una cosa delgadita delgadita. Se hicieron las dragas, se hizo el Canal Sigfrido. Se le pagó bien a la gente por sus terrenos.

Bueno, la cuestión es que llegó un momento en que nos dice: “Han encargado al licenciado Manuel Bartlett, director de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, para que en coordinación con ustedes dos estudien un proyecto de Constitución”.

Entonces, íbamos a México a hablar con Bartlett. Así fue como fuimos haciendo la Constitución. Por ejemplo, yo insistí mucho, y mis compañeros me apoyaron, en que para ser mexicano, como dice la Constitución General de la República, se requiere de cinco años, nosotros no podíamos hacer algo semejante con nuestra Constitución.


Aquí nosotros vivíamos llenos de gente de Centroamérica. Aquí vivían los Montenegro, que eran unos políticos guatemaltecos. Muchas familias venían acá de Centroamérica.

Al terminar los trabajos del proyecto de municipios, y al tener muy avanzado el proyecto de Constitución del Estado, es cuando el presidente Luis Echeverría decide enviar la iniciativa. Así nos transformamos de Territorio Federal a entidad federativa con poderes provisionales. Había un gobernador provisional, que era David Gustavo Gutiérrez Ruiz. Ya teníamos nuestro propio Tribunal de Justicia. Ya teníamos nuestra legislatura.

Previamente, cuando nos lanzamos a la campaña para diputados constituyentes, esa parte de mi vida fue muy interesante. Yo no podía hablar a la gente de obra pública. Con qué recursos. No teníamos nada. La gente iba a los salones a donde los convocábamos, a los pueblos donde me tocó ir. Y la gente como preguntándose: “¿Y estos locos qué se traen?”

Les explicamos a qué habíamos ido. A decirles que por disposición del presidente Echeverría, en un acto de buena voluntad, ya estaba aprobada por el Congreso de la Unión la creación del nuevo estado. “¿Y qué vamos a ganar?” “Bueno, vamos a ganar que nuestros juicios civiles, mercantiles, penales, ya no tienen que irse a la ciudad de México”. Dependíamos del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Qué justicia podíamos esperar cuando mandabas un documento y hasta dos años después te llegaba el resultado. Así empezamos a explicarle a la gente qué ventajas iba a tener una legislatura local; la importancia de que en lo sucesivo los quintanarroenses íbamos a elegir a nuestro gobernador.

Ya teníamos varios meses en el gobierno pero la gente todavía no captaba el cambio. Venía un señor de Yucatán cada 15 de septiembre a vender sus luces, voladores. Una cosa muy sencilla, muy barata. Nueve mil o diez mil pesos.

Luego llegó un señor de México que me trajo unos libros, con lo más moderno de la pirotecnia. ¡Esto necesito yo para que la gente vea el cambio! ¿Cuánto sale? “210 mil pesos”. Tenemos el dinero.

Tanto Luis Echeverría como López Portillo nos ayudaron mucho económicamente. Mucho, mucho. Nos daban buen dinero. Entré con Martínez Ross y le dije: “Mira Chucho, ve esto. Esto es lo que hay que presentarle al pueblo el 15 de septiembre. Que se asombre”. Ya habíamos empezado algunas obras, pero las obras toman su tiempo. Hay que planearlas, hay que programarlas, hay que buscar proveedores.

Uuy… cuando ese día encendemos los fuegos artificiales… mandé a buscar a la Alameda de la ciudad de México a un muchacho que traía su cilindro de nitrógeno y a inflar globos, a inflar globos. Trajo sus redes. En ellas serían atrapados los globos antes de ser soltados. Cuando terminó el Grito y ya daba las campanadas el gobernador ¡empieza a encenderse aquello! Y liberan de las redes los 500, 600 globos verde, blanco y rojo. Empiezan a elevarse en la noche. La gente comprendió que sí había un cambio.

Chucho Martínez era un gobernador que las tardes caminaba por la Héroes saludando gente y todo eso. ¿Por qué? Porque era de acá. Lo conocían. En cambio, a los otros no los veías. Estaban guarnecidos en el Palacio. No los tratabas.

Cuando Quintana Roo se convierte en estado no teníamos abogados. Tuvimos que traerlos. No había de otra. Nos faltaban doctores. Los trajimos.

Algunos que andaban flojeando los ayudamos a que terminaran sus carreras. Habló Chucho con el director de la Escuela de Leyes de la UNAM y le dijo: “Necesito abogados. Aquí tengo una lista de muchachos. Unos se quedaron en tercero, otros en cuarto. Quiero que usted me los apoye para que se gradúen y me puedan ayudar”.

“Sí, como no”, respondió el de la UNAM. Bonachón el hombre. Aceptó. Eso sí, nos salió caro. Como yo era el Oficial Mayor conmigo trataba. De repente una llamada de México: “Le habla el licenciado fulano de tal. ¿Será posible que para dentro de dos semanas pueda yo ir a Cozumel a pasar unos cuantos días con mi familia? “Sabe usted que es nuestro invitado permanente”. “¿No hay inconveniente de que lleve yo un compadrito?”. “Ninguno, señor director”.

Giraba yo instrucciones a las oficinas de la ciudad de México para que le entregaran sus boletos y, mientras, yo aquí veía lo del hospedaje. Y venían a comer y a beber.

Y así se hicieron varios abogados, como nuestro gran amigo Mario Bernardo Ramírez Canul. Ya había dejado la escuela en tercero y regresó para terminar la carrera en cursos intensivos. Estaba trabajando en el Banco de México. Hicieron la escuela en dos años. Cuando te quieren ayudar te ayudan. Otro fue Miguel Mario Angulo Flota.

El papá de Mario Bernardo era chofer conmigo en una pipa de agua. Tuvo muchas tareas. Entre ellas, repartir agua por todo el territorio en los tiempos de don Javier Rojo Gómez.

—¿Antes de la CFE cómo se generaba la energía eléctrica?

Aquí teníamos una plantita chiquita. Daba luz a un foco por familia. A mi papá, porque era un hombre altruista, que atendía los desayunos escolares, que participaba en muchas cosas, el gobierno le daba chance de dos focos. La planta se echaba a andar a las seis de la tarde y se apagaba a las once de la noche. Te mandaban una señal. A esa hora a la cama, porque no tardan en apagar la luz.

El Janet

En el año 1955, el año de Janet, estaban haciendo ya la introducción del agua potable y la red eléctrica, por la Comisión Federal de Electricidad.

Trajo dos máquinas grandes y ya tuvimos luz día y noche.

En esas estaban cuando se presentó el huracán Janet. Por eso murió mucha gente, porque se llenaron las calles de agua.

La gente salía desesperada de sus casas madera. Salían a la calle buscando auxilio. Caían a zanjas y no encontraban cómo salir y se ahogaban.

Murió mucha gente, sobre todo niños. Adultos también. Cuando los niños caían en una zanja no los encontraban. Era lodo. Y aparte, estaba corriendo el agua. Los papás metían las manos buscándolos, pero ya se los había llevado la corriente. Fue muy duro, muy duro.

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